jueves, 14 de julio de 2016

El Conde de Torrellano

Este año se cumplen los 300 años desde la concesión por el emperador Carlos VI del título de Conde de Torrellano a don Juan Vaillo de Llanos. Obtenerlo no le fue nada fácil, para ello tuvo que involucrarse en una cruenta guerra que le costó su patrimonio y un frio exilio. El presente artículo pretende aportar algo de luz sobre las vicisitudes y vivencias aquel primer Conde de Torrellano.


Para entender su destino hay que recordar el origen y el discurrir histórico de su linaje. En un principio se apellidaban Ruiz de Llanos, pero eran conocidos como simplemente Llanos. Así tenemos como en el archivo de Santa María de Elche se conserva el árbol genealógico de la familia donde el primer miembro que aparece es Martín Ruiz de Llanos, de origen burgalés. El apellido cambió con el enlace de Juan Alonso Vaillo, natural de Cebolleros, jurisdicción de Frías (Burgos), con María de Llanos, y es en este momento cuando sus descendientes comienzan a apellidarse Vaillo de Llanos, obteniendo la hidalguía de sangre en el Reino de Valencia en el año 1587.

Llegaron a Elche en algún momento del siglo XVI, ocupándose de la administración municipal, lo que les permitió obtener diversos privilegios militares y la condición de caballeros. Pronto se emparentaron con las grandes familias ilicitanas mediante una serie de matrimonios. Eran tiempos en que las prioridades estaban claras, poco importaban los individuos, lo más importante era engrandecer el linaje.
En 1618 Pedro Vaillo de Llanos creó un mayorazgo o vínculo que consistía en unir para siempre el patrimonio familiar y que de esta forma no se pudiese fraccionar ni vender jamás. Juan Vaillo de Llanos y Ferrer nace en Alicante en el año 1688 y por sus derechos sucesorios hereda el vínculo fundado por su tatarabuelo, que previamente fue ampliado en 1639 por Tomás de Llanos.
En 1700 muere sin descendencia el rey Carlos II y España se encuentra con dos pretendientes al trono para sucederle, uno era el francés Felipe de Borbón (futuro Felipe V) y el otro el Archiduque Carlos de Austria (futuro Carlos VI del Sacro Imperio), iniciándose la guerra de sucesión.
Gran parte de los Vaillo de Llanos, como otras muchas familias de Elche, apoyaron al archiduque Carlos de Austria, pensando en que éste era la mejor opción para defender sus intereses familiares.
No está muy clara la motivación de tal decisión pero debió de estar tomada porque entendían que el candidato austracista ayudaría a eliminar las trabas que sufrían los grandes propietarios en la comercialización de sus excedentes agrícolas. Igualmente se sospecha que influyó el pleito judicial que existía entre el Marqués de Elche y esta villa para volver a ser de propiedad real. Las familias patricias ilicitanas eran defensoras de dicho retorno y estaban en contra de los abusos señoriales del marqués. Eran tiempos de grandes cambios socioeconómicos donde se estaban sustituyendo las viejas estructuras feudales por otras modernas.
Iniciada la guerra los ejércitos de Felipe de Borbón iban tomando plazas por el sur del Reino de Valencia, primeramente fue Orihuela y en 1706 le tocó el turno a Elche. En aquel año nuestro personaje cumplió 18 años, una edad llena de ilusiones y seguramente con sed de grandes aventuras. Él sabía que para obtener un título nobiliario se podía hacer de dos maneras, o comprándolo o haciendo reales méritos y las guerras ofrecían una muy buena oportunidad para ello.
Elche estaba defendida por sus vecinos, contingentes de otras poblaciones y por un regimiento irlandés formado por 200 hombres al mando del  general Robert Killigrew. Tras un breve asedio por las tropas francesas Elche capituló y fue saqueada. Según F. Castellvi, en sus Narraciones Históricas, varios fueron los que huyeron y de entre ellos Isidro, Juan y Pedro Vaillo de Llanos.
Llegada de la reina a Barcelona

Pocos meses después se libró la batalla de Almansa donde vencieron las tropas de Felipe V. La batalla fue sangrienta y una muestra de ello fue el destino de R. Killigrew, que anteriormente había defendido las murallas de Elche.  En el fragor de la batalla un español “le cortó la mano derecha de un golpe de través de su espada, luego por idéntica herida perdió la izquierda por otro tajo infligido por uno de la guardia real. Y aunque Galloway exhortaba al hombre a retirarse del combate, no lo pudo conseguir; más aún, ya en su desesperación, cogidas las riendas con su brazo izquierdo mutilado exhortaba a los suyos con gritos” finalmente “fue añadido a los que habían sido muertos en la carnicería, al montón de cadáveres, tras haber recibido una tercera herida en la cabeza”. Es así como se conseguían los méritos para optar a las grandezas, por ello fue enterrado en la abadía de Westminster.


Según avanzaba la guerra los austracistas iban perdiendo plazas importantes como Valencia, replegándose a lugares más seguros. Nos encontramos a Juan de Llanos en la Relación de los valencianos que dexaron el Reyno de Valencia para seguir a Carlos III”.
En Barcelona tenía su residencia el pretendiente Carlos de Austria desde 1705, lugar donde anunció su boda con Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel, una jovencísima y bella princesa alemana. Ésta viajó desde el centro de Europa a España para contraer matrimonio, desembarcando con la flota inglesa en Mataró. En la catedral de Santa María del Mar de Barcelona se celebró la fastuosa boda, tras la cual se lanzaron fuegos artificiales, hubo desfiles y donde se representó por primera vez una ópera en España. Entre los presentes a aquella boda real se encontraba el protagonista de nuestra historia a quien los recién casados le concedieron la llave capona, que es una llave “honoraria de gentilhombre de cámara del Rey, a quien se concede este honor sin ejercicio”.

Finalmente el archiduque Carlos de Austria perdió la guerra, abandonando la península en 1713, y con él un gran número de partidarios que apoyaron su causa. Seguramente don Juan abandonaría España por Barcelona rumbo a Italia, para pasar posteriormente a la corte imperial en Viena.
Carlos VI fue un rey muy agradecido y generoso con quienes le siguieron hasta el final y en prueba de su agradecimiento, en 1716, concedió el título de Conde de Torrellano a don Juan Vaillo de Llanos y Ferrer en el palacio de verano de Laxembug.  En el despacho donde se le ennoblecía, escrito en latín, se puede leer como en el momento de su nombramiento era camarero real y vemos por primera vez escrito Torrellano, refiriéndose a él como lugar “locus Torrellano”. La guerra estaba perdida y el objetivo logrado, era el momento de regresar a su patria, quizás cansado de la contienda y de la política.
Por contra otros parientes siguieron con su rey como fue el caso de su tío Isidoro Vaillo de Llanos, que tras la guerra pasó a Nápoles donde el archiduque Carlos le concedió una paga. Posteriormente testó en Viena y creó un vínculo en 1732, año en que murió exiliado. Asimismo otro Isidoro Vaillo de Llanos (pudiera ser su hermano o su primo) fue nombrado ministro en la Barcelona de 1707.
Doña Isabel Cristina

Tras la guerra los bienes de los austracistas fueron confiscados con el fin de indemnizar las pérdidas de guerra. Los bienes del mayorazgo de los Vaillo de Llanos no fueron una excepción, y así fueron administrados y arrendados primeramente por el Marqués de Laconi, y posteriormente por la Hacienda Pública.
Tras la victoria de Felipe V se firmó el tratado de paz de Viena, donde se reconocían los títulos otorgados por ambos monarcas. Juan Vaillo de Llanos regreso a Elche recuperando su patrimonio y en 1728, mediante Real Cédula, obtuvo el reconocimiento de Felipe V como Conde de Torrellano. La presentación de su nombramiento en Elche como Conde no se pudo hacer hasta 1745, un año antes de morir.
El primer Conde fue un hombre pragmático que gestionó muy bien su patrimonio pasando de tener todos sus bienes confiscados a engrandecer aún más el vínculo familiar. Disponía de numerosas propiedades urbanas y almazaras. De las rústicas de secano podemos mencionar la hacienda del Barranco del Grifo, una cañada en Saladas, la hacienda con torre de la Cañada Ancha y la Cañadita. Pero sin ninguna duda el bien más precioso que poseía eran los hilos de agua que regaban los huertos de Elche.
Tenía varios huertos como los de San Francisco, El Cipreret, o el Ort de Baix, y el Molino Real, éstos últimos integrados en el Parque de Elche. De entre todos sus huertos destacaba uno por su alto valor económico y por su representación nobiliaria y era el huerto de la Torre de los Llanos (hoy Torre de Vaillo), torre donde se encontraba esculpido el escudo de su linaje. Es curioso saber cómo de entre todas la palmeras que tenía escogía una de ellas, la llamada “Pasquala”, para que todos los dátiles que diera fueran reservados para él.

Laxemburg

Finalizada la contienda el pleito antiseñorial de la villa de Elche contra su Marqués continuó para lograr que la villa dejara de pertenecer al marquesado y pasara a patrimonio real. En 1735 vemos como la pequeña nobleza local firmó, y entre ellos Juan Vaillo de Llanos, una petición asumiendo la defensa de la villa y su libertad “ya que no es un perjuicio temporal sino irreparable, perpetuo y sucesivo”.

Torre de los Llanos

En 1724 se casó con doña Clara Ortiz de Almodóvar y Beaumont y Navarra, teniendo tres hijos, Mariana, Francisca y Carlos, éste último será el segundo conde de Torrellano. Su mujer era 19 años más joven que él y provenía de una ilustre familia, muriendo a los 31 años.
Pocos días antes de morir don Juan Vaillo de Llanos, ya postrado en la cama con 58 años, testo dejando a sus herederos  uno de los más importantes vínculos del municipio, pero  también acordándose de sus criados más cercanos. Tras su fallecimiento se inventarió detalladamente todo su patrimonio y puedo decir que era impresionante.
Y estas han sido unas breves notas sobre la intensa vida de aquel primer Conde de Torrellano, un hombre que se involucró decididamente en la guerra de sucesión, de la que finalmente salió bien parado gracias a su pragmatismo, y que con el paso del tiempo dio nombre a nuestra partida.
Juan Francisco Mollá


Publicado en el Llibret de Festes de 2016


Isidoro Llanos








3 comentarios:

  1. Fantástico,una gran publicación digna de un gran historiador .- Mi más sincera felicitación.
    Ramón vte.

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  2. Fantástico,una gran publicación digna de un gran historiador .- Mi más sincera felicitación.
    Ramón vte.

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