sábado, 1 de febrero de 2014

Lo i Brisó

LO I BRISÓ
En una ocasión alguien me relató una extraña historia que ocurrió hace mucho tiempo. En el Clot de Galvany existió una torre llamada Lo i Brisó que fue propiedad de una adinerada familia de Santa Pola. Por aquella zona también habían otras casas, todas ellas mucho más humildes, habitadas por labradores, donde el único agua potable de que disponían era el de los pozos, los alimentos que comían eran producidos por ellos mismos y la única luz que vieron era la del sol o la del candil. A pesar de ser una zona asilada y muy tranquila, todas las noches, cuando estas familias se iban a dormir, cerraban bien las puertas y ventanas. En ocasiones habían noches distintas a las demás, siempre noches de luna oscura, donde ya muy tarde se oían aterradores aullidos. Al oírlos los vecinos se inquietaban y nadie se atrevía a salir de casa, ni siquiera los hombres armados se atrevían a cruzar el umbral de sus casas. Había que esperar en las camas hasta el amanecer. 
La mencionada casa Brisón debe su nombre a su propietario Jaime Brisón quien la compró en 1711 a Salvador Gosalves y Francisca Esplá por 1030 libras y ya por aquella época fue una de las casas más importantes de la partida de los Balsares y especialmente del Clot de Galvany. 
 Finca Lo i Brisó (al fondo labrando con mula)
Poco sabemos de su propietario, debiendo de ser un oficial del estado mayor de artillería destacado en Alicante. Por su apellido podemos suponer que tenía un origen extranjero pues Brisón procede del Bryson británico o del Brisson francés. Posteriormente la finca perteneció a sus herederos y en 1779 a Mariano Aracil, Regidor Perpetuo de Jijona.
La casa estaba compuesta por una residencia, torre, una hermosa bodega y corral para el ganado. Además tenía una ermita que ciertos estudios arqueológicos recientes la sitúan al otro lado de la laguna de donde se encontraba la casa pero que los vecinos la conocieron situada a doscientos metros en dirección opuesta, hacia la sierra del Cabezó. Tras el terremoto de 1885 se derruyó la fachada de la casa que hubo de ser reconstruida.
En los primeros censos catastrales encontramos que la finca tenía dos tahúllas de olivos, seis de plantados, siete de viña y 607 tahúllas de tierra campa. Aparte de su aprovechamiento agrícola y ganadero durante el siglo XVIII se aprovecharon los grandes pinos que allí se encontraban para uso maderero. 
Como curiosidad contaré que debido a la frecuencia con que se llenaba de agua de lluvia el Clot de Galvañ se hacían intransitables los caminos que lo cruzaban. Por ello los propietarios de la casa tenían a su disposición una barca que les permitía cruzar de lado a lado la laguna en caso de inundaciones y así no quedar incomunicados con Alicante.
La vida de los labradores que vivían en el Clot de Galvany era muy sacrificada pues aquella zona era de secano y las únicas cosechas eran las de trigo y cebada exclusivamente cuando llovía. También había algún que otro olivo y algarrobo y una zona improductiva de saladar. Otro de los inconvenientes del Clot era que en los años de abundantes lluvias los vecinos se marchaban a vivir a otros lugares, especialmente al Cap, huyendo de las enfermedades relacionadas con el agua estancada como el paludismo. Cuando eran años secos se podían quedar en la casa del Clot.
Los labradores compraban lo que necesitaban en Santa Pola o en El Altet, y cuando la ocasión lo requería cogían el carro con la mula y se marchaban a Alicante a comprar otros artículos que habitualmente no se podían comprar en otros lugares. En verano salían hacia la capital rompiendo el amanecer pues se tardaba en carro dos horas y media la ida y la vuelta. 
Preparando las paellas
El lugar era una zona virgen donde lo único que abundaba era la naturaleza, se solía salir a recoger esparto, caracoles serranos, tomillo, rabo de gato, cantahueso, romero y demás bienes que da la sierra de Santa Pola.
En la década de los años 50 estas tierras cambian totalmente su fisonomía cuando pasan a ser de regadío. Este cambio da un gran impulso a los labradores pues les permiten cultivar hortalizas y otros cultivos teniendo la cosecha asegurada. Aquello les proporcionó un gran bienestar.
A comienzo de la década de los 60 la sociedad ETASA arrendó la finca de Lo i Brisó para cultivar tomates con el objetivo de exportarlos. Aquello revulsionó el Clot al cambiar la agricultura tradicional por una agricultura más intensiva y comercial.
Para terminar quisiera dedicar el presente artículo a Manuel Meléndez, quien en muchas ocasiones me regaló su compañía y su conversación, y al que siempre recordaré con agradecimiento y aprecio. En una de ellas me habló de esta casona. Recordaba como de pequeño su abuelo le contaba multitud de historias, como la de aquellos perros que aullaban de noche y que aterrorizaban a los niños y que no eran otra cosa que una señal que sólo los adultos sabían interpretar. Eran las noches de oscuridad total que aprovechaban los contrabandistas para descargar en la playa del Carabassi los fardos de sus barcas y transportar la mercancía ilegal por un camino hasta Lo i Brisó, así cuando los vecinos escuchaban aquel fantasmal aullido era la señal de que no debían de salir de casa para no ser testigos de nada, si es que no querían perder su vida.

Juan F Mollá

Publicado en el Crisol – Enero 2014

TORRE BRISÓ


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