jueves, 14 de julio de 2016

El Conde de Torrellano

Este año se cumplen los 300 años desde la concesión por el emperador Carlos VI del título de Conde de Torrellano a don Juan Vaillo de Llanos. Obtenerlo no le fue nada fácil, para ello tuvo que involucrarse en una cruenta guerra que le costó su patrimonio y un frio exilio. El presente artículo pretende aportar algo de luz sobre las vicisitudes y vivencias aquel primer Conde de Torrellano.


Para entender su destino hay que recordar el origen y el discurrir histórico de su linaje. En un principio se apellidaban Ruiz de Llanos, pero eran conocidos como simplemente Llanos. Así tenemos como en el archivo de Santa María de Elche se conserva el árbol genealógico de la familia donde el primer miembro que aparece es Martín Ruiz de Llanos, de origen burgalés. El apellido cambió con el enlace de Juan Alonso Vaillo, natural de Cebolleros, jurisdicción de Frías (Burgos), con María de Llanos, y es en este momento cuando sus descendientes comienzan a apellidarse Vaillo de Llanos, obteniendo la hidalguía de sangre en el Reino de Valencia en el año 1587.

Llegaron a Elche en algún momento del siglo XVI, ocupándose de la administración municipal, lo que les permitió obtener diversos privilegios militares y la condición de caballeros. Pronto se emparentaron con las grandes familias ilicitanas mediante una serie de matrimonios. Eran tiempos en que las prioridades estaban claras, poco importaban los individuos, lo más importante era engrandecer el linaje.
En 1618 Pedro Vaillo de Llanos creó un mayorazgo o vínculo que consistía en unir para siempre el patrimonio familiar y que de esta forma no se pudiese fraccionar ni vender jamás. Juan Vaillo de Llanos y Ferrer nace en Alicante en el año 1688 y por sus derechos sucesorios hereda el vínculo fundado por su tatarabuelo, que previamente fue ampliado en 1639 por Tomás de Llanos.
En 1700 muere sin descendencia el rey Carlos II y España se encuentra con dos pretendientes al trono para sucederle, uno era el francés Felipe de Borbón (futuro Felipe V) y el otro el Archiduque Carlos de Austria (futuro Carlos VI del Sacro Imperio), iniciándose la guerra de sucesión.
Gran parte de los Vaillo de Llanos, como otras muchas familias de Elche, apoyaron al archiduque Carlos de Austria, pensando en que éste era la mejor opción para defender sus intereses familiares.
No está muy clara la motivación de tal decisión pero debió de estar tomada porque entendían que el candidato austracista ayudaría a eliminar las trabas que sufrían los grandes propietarios en la comercialización de sus excedentes agrícolas. Igualmente se sospecha que influyó el pleito judicial que existía entre el Marqués de Elche y esta villa para volver a ser de propiedad real. Las familias patricias ilicitanas eran defensoras de dicho retorno y estaban en contra de los abusos señoriales del marqués. Eran tiempos de grandes cambios socioeconómicos donde se estaban sustituyendo las viejas estructuras feudales por otras modernas.
Iniciada la guerra los ejércitos de Felipe de Borbón iban tomando plazas por el sur del Reino de Valencia, primeramente fue Orihuela y en 1706 le tocó el turno a Elche. En aquel año nuestro personaje cumplió 18 años, una edad llena de ilusiones y seguramente con sed de grandes aventuras. Él sabía que para obtener un título nobiliario se podía hacer de dos maneras, o comprándolo o haciendo reales méritos y las guerras ofrecían una muy buena oportunidad para ello.
Elche estaba defendida por sus vecinos, contingentes de otras poblaciones y por un regimiento irlandés formado por 200 hombres al mando del  general Robert Killigrew. Tras un breve asedio por las tropas francesas Elche capituló y fue saqueada. Según F. Castellvi, en sus Narraciones Históricas, varios fueron los que huyeron y de entre ellos Isidro, Juan y Pedro Vaillo de Llanos.
Llegada de la reina a Barcelona

Pocos meses después se libró la batalla de Almansa donde vencieron las tropas de Felipe V. La batalla fue sangrienta y una muestra de ello fue el destino de R. Killigrew, que anteriormente había defendido las murallas de Elche.  En el fragor de la batalla un español “le cortó la mano derecha de un golpe de través de su espada, luego por idéntica herida perdió la izquierda por otro tajo infligido por uno de la guardia real. Y aunque Galloway exhortaba al hombre a retirarse del combate, no lo pudo conseguir; más aún, ya en su desesperación, cogidas las riendas con su brazo izquierdo mutilado exhortaba a los suyos con gritos” finalmente “fue añadido a los que habían sido muertos en la carnicería, al montón de cadáveres, tras haber recibido una tercera herida en la cabeza”. Es así como se conseguían los méritos para optar a las grandezas, por ello fue enterrado en la abadía de Westminster.


Según avanzaba la guerra los austracistas iban perdiendo plazas importantes como Valencia, replegándose a lugares más seguros. Nos encontramos a Juan de Llanos en la Relación de los valencianos que dexaron el Reyno de Valencia para seguir a Carlos III”.
En Barcelona tenía su residencia el pretendiente Carlos de Austria desde 1705, lugar donde anunció su boda con Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel, una jovencísima y bella princesa alemana. Ésta viajó desde el centro de Europa a España para contraer matrimonio, desembarcando con la flota inglesa en Mataró. En la catedral de Santa María del Mar de Barcelona se celebró la fastuosa boda, tras la cual se lanzaron fuegos artificiales, hubo desfiles y donde se representó por primera vez una ópera en España. Entre los presentes a aquella boda real se encontraba el protagonista de nuestra historia a quien los recién casados le concedieron la llave capona, que es una llave “honoraria de gentilhombre de cámara del Rey, a quien se concede este honor sin ejercicio”.

Finalmente el archiduque Carlos de Austria perdió la guerra, abandonando la península en 1713, y con él un gran número de partidarios que apoyaron su causa. Seguramente don Juan abandonaría España por Barcelona rumbo a Italia, para pasar posteriormente a la corte imperial en Viena.
Carlos VI fue un rey muy agradecido y generoso con quienes le siguieron hasta el final y en prueba de su agradecimiento, en 1716, concedió el título de Conde de Torrellano a don Juan Vaillo de Llanos y Ferrer en el palacio de verano de Laxembug.  En el despacho donde se le ennoblecía, escrito en latín, se puede leer como en el momento de su nombramiento era camarero real y vemos por primera vez escrito Torrellano, refiriéndose a él como lugar “locus Torrellano”. La guerra estaba perdida y el objetivo logrado, era el momento de regresar a su patria, quizás cansado de la contienda y de la política.
Por contra otros parientes siguieron con su rey como fue el caso de su tío Isidoro Vaillo de Llanos, que tras la guerra pasó a Nápoles donde el archiduque Carlos le concedió una paga. Posteriormente testó en Viena y creó un vínculo en 1732, año en que murió exiliado. Asimismo otro Isidoro Vaillo de Llanos (pudiera ser su hermano o su primo) fue nombrado ministro en la Barcelona de 1707.
Doña Isabel Cristina

Tras la guerra los bienes de los austracistas fueron confiscados con el fin de indemnizar las pérdidas de guerra. Los bienes del mayorazgo de los Vaillo de Llanos no fueron una excepción, y así fueron administrados y arrendados primeramente por el Marqués de Laconi, y posteriormente por la Hacienda Pública.
Tras la victoria de Felipe V se firmó el tratado de paz de Viena, donde se reconocían los títulos otorgados por ambos monarcas. Juan Vaillo de Llanos regreso a Elche recuperando su patrimonio y en 1728, mediante Real Cédula, obtuvo el reconocimiento de Felipe V como Conde de Torrellano. La presentación de su nombramiento en Elche como Conde no se pudo hacer hasta 1745, un año antes de morir.
El primer Conde fue un hombre pragmático que gestionó muy bien su patrimonio pasando de tener todos sus bienes confiscados a engrandecer aún más el vínculo familiar. Disponía de numerosas propiedades urbanas y almazaras. De las rústicas de secano podemos mencionar la hacienda del Barranco del Grifo, una cañada en Saladas, la hacienda con torre de la Cañada Ancha y la Cañadita. Pero sin ninguna duda el bien más precioso que poseía eran los hilos de agua que regaban los huertos de Elche.
Tenía varios huertos como los de San Francisco, El Cipreret, o el Ort de Baix, y el Molino Real, éstos últimos integrados en el Parque de Elche. De entre todos sus huertos destacaba uno por su alto valor económico y por su representación nobiliaria y era el huerto de la Torre de los Llanos (hoy Torre de Vaillo), torre donde se encontraba esculpido el escudo de su linaje. Es curioso saber cómo de entre todas la palmeras que tenía escogía una de ellas, la llamada “Pasquala”, para que todos los dátiles que diera fueran reservados para él.

Laxemburg

Finalizada la contienda el pleito antiseñorial de la villa de Elche contra su Marqués continuó para lograr que la villa dejara de pertenecer al marquesado y pasara a patrimonio real. En 1735 vemos como la pequeña nobleza local firmó, y entre ellos Juan Vaillo de Llanos, una petición asumiendo la defensa de la villa y su libertad “ya que no es un perjuicio temporal sino irreparable, perpetuo y sucesivo”.

Torre de los Llanos

En 1724 se casó con doña Clara Ortiz de Almodóvar y Beaumont y Navarra, teniendo tres hijos, Mariana, Francisca y Carlos, éste último será el segundo conde de Torrellano. Su mujer era 19 años más joven que él y provenía de una ilustre familia, muriendo a los 31 años.
Pocos días antes de morir don Juan Vaillo de Llanos, ya postrado en la cama con 58 años, testo dejando a sus herederos  uno de los más importantes vínculos del municipio, pero  también acordándose de sus criados más cercanos. Tras su fallecimiento se inventarió detalladamente todo su patrimonio y puedo decir que era impresionante.
Y estas han sido unas breves notas sobre la intensa vida de aquel primer Conde de Torrellano, un hombre que se involucró decididamente en la guerra de sucesión, de la que finalmente salió bien parado gracias a su pragmatismo, y que con el paso del tiempo dio nombre a nuestra partida.
Juan Francisco Mollá


Publicado en el Llibret de Festes de 2016


Isidoro Llanos








martes, 22 de diciembre de 2015

Los lances del Portichuelo

Tras el pronunciamiento liberal de 1820 comienza una nueva era de constitucionalismo en España, jurando Fernando VII a regañadiente la constitución de 1811.
Mientras tanto las potencias extranjeras ganadoras tras la guerras napoleónicas negociaron un nuevo orden internacional, donde vieron la necesidad de apoyarse entre sí ante el peligro que suponía el liberalismo, creando para ello la Santa Alianza.
En 1823 Fernando VII solicitó su ayuda para restablecer el absolutismo y en su apoyo se envió a los Cien mil hijos de San Luis, un gran y curtido ejercito francés dispuesto a ello. 
Comenzó así una cruenta guerra entre los liberalistas partidarios de la constitución y los realistas partidarios del absolutismo.
Los Cien Mil hijos de San Luis entraron en España apoyando a los realistas, oponiendo fuerte resistencia los liberales, pero conforme avanzaba el conflicto éstos últimos iban perdiendo posiciones y se fueron replegando hasta Cádiz, con el rey como rehén. Cádiz era una ciudad emblemática pues durante la guerra de la independencia fue la única que no fue conquistada por Napoleón. 
Los Cien Mil hijos de San Luis


Antes de que la ciudad de Valencia cayera en manos del ejercito francés su Milicia Nacional la abandonó con la consigna de defender Alicante, que era otra de las emblemáticas ciudades de liberalismo, quizás por su intensa vida comercial, al contrario que el resto de poblaciones de la provincia mas decantadas por la causa realista.
Pasaban los meses y el devenir de la guerra seguía sin ser favorable a los constitucionalistas y a mediados de julio de 1823 los realistas posicionados en Elche intentan crean un bloqueo sobre Alicante. No dudan en registrar todas las casas de campo de las partidas de Torrellano y El Altet, tomando todas las armas que allí se encontraban y prohibiendo a sus vecinos que entregasen o vendieran todo tipo de víveres a los sitiados, con la amenaza de las penas mas severas. Para dejar clara su intención varias partidas de soldados realistas recorrían regularmente dichas partidas imponiendo el miedo y el robo, como recogió la prensa “los facciosos robaron el 15 otro ganado en el partido llamado El Altet”  o como el 17 “en santa pola han robado a un labrador y arruinado su casa, llevándosele un ganado y las mulas de labranza”.
Ese mismo día 17 se informa de que en el ventorrillo de Torrellano se despliegan a 12 lanceros realistas, y como ya se encuentran 600 soldados en Elche.
La táctica de ambos contendientes era sencilla: rápidas salidas militares para hostigar al enemigo y vuelta a posiciones seguras. Aquello comenzó a parecer una correría de tropas entre Alicante y el resto de villas que la rodeaban en un tanteo de fuerzas.
Eso es lo que ocurrió el día 19 de julio, de Alicante salió una columna compuesta por 200 infantes y 12 caballos y se situó en lo alto del Portichol. La caballería bajó hasta el ventorrillo de Torrellano para hacer un reconocimiento pero al llegar hasta él fuero atacados por 16 lanceros realistas. Sorprendida la caballería por el ataque intentó subir hasta lo alto de la sierra, momento que se produjo una escaramuza. La infantería hizo fuego contra los lanceros matando a un caballo, siendo herido su jinete. Un jinete de la caballería liberal, al replegarse precipitadamente, cayó al suelo y fue hecho prisionero.
Al día siguiente volvió a ver otra correría. Unas partidas de  absolutistas llegan hasta el Barranco de las Ovejas, pero al salirle al paso las tropas del coronel Antonio Fernández de Bazán “se replegan los facciosos hacia el Portichuelo, donde una columna de infantería y caballería de ellos ocupaban las alturas sin esperar la batalla”. Una columna más sale de Alicante al mando de su gobernador Irribarren y al verlos los franceses se retiran siendo perseguidos hasta el aljibe de la legua. Finalmente los liberales optan por volver a la capital al no buscar batalla los absolutistas. Por la tarde de ese mismo día “volvieron los enemigos a situar una gran guardia en el Portichuelo”.
A principios de agosto llegan a Alicante por tierra la Milicia de Valencia, provenientes de Cartagena, escoltada por mar por siete faluchos y una polacra, al mando del intrépido y joven Joaquín de Pablo y Antón, alias “Chapalangarra”, nombrando comandante general de la provincia.
Los ataques, contraataques y repliegues no cesaban por ambos contendientes. Pero el día 16 de septiembre de 1823 se dio un importante golpe. De la villa de Elche salió la tropa francesa en una maniobra táctica dejando en la villa tropa realista nacional. Es el momento que aprovecha el comandante general De Pablos para enviar una columna compuesta por 2.500 infantes y 100 caballos. Entró en Elche por el camino de la ermita de San Antón y allí es cuando comienzan a enfrentarse a los realistas con dureza, incluso con atraques a la bayoneta, y al frente Chapalangarra con el grito de “!viva la constitución!”. Continuaron su entrada al pueblo donde eran atacados desde los tejados y ventanas de las casas, dejando atrás muertos en las calles logrando llegar al puente que une las dos orillas del rio y que es el camino de Orihuela a Valencia. Les fue imposible cruzarlo pues eran constantemente atacados por la artillería que disparaba a metralla, así que se decidió que un batallón cruzara el Vinalopó por la izquierda y ocupara el Arrabal.  

Chapalangarra


Una vez tomada la barriada los realistas abandonaron la artillería que impedía el paso por el puente, ocasión que aprovechó Chapalangarra para lanzar su caballería y “la dispersión se hizo entonces general, huyendo cobardemente, arrojando, para correr más, fusiles y cartucheras, y salvandose en la sierra”.
La perdida del enemigo fue de 60 muertos, pero el verdadero golpe fue el psicológico pues con el ataque se tomó por poco tiempo Elche, permitiendo a los liberales que se apoderasen de alimentos y material militar.
Se organizó un convoy de regreso a Alicante compuesto de 50 prisioneros, varias piezas de artillería, con sus tiros y municiones, 68 carros de trigo, 50 piezas de paño, 600 pantalones cortados, 100 fusiles, sables y cartucheras. A su entrada se escribió la siguiente crónica: “!Honor y gloria á las valientes tropas y gefes, que han sabido en quince horas, andar diez leguas pelear y triunfar!. Los libres son capaces de tanta heroicidad: para los esclavos solo hay afrenta y vilipendio”.
Sin embargo el devenir de la guerra fue demoledor para los constitucionalistas. Se fueron perdiendo importantes posiciones y finalmente se rindió la emblemática Cádiz, siendo liberado Fernando VII por los franceses el 1 de octubre.
A Alicante no le quedó mas remedio que capitular ante el comandante Vicent Foullon de Doué, y la Milicia Valenciana fue de “los últimos que en cumplimiento de nuestro juramento batallábamos en España”.
Chapalangarra huyó por mar a Gibraltar donde siguió su intensa actividad política y militar lo que le costó finalmente la vida en 1830 al entrar en España por Navarra para preparar un intento de sublevación.
Los milicianos se desarmaron y regresaron a sus hogares en Valencia, escoltados por el Regimiento número 4 francés, se les garantizó su condición de militares y un pasaporte, pero fueron represaliados y su bandera coronela fue condenada al destierro en la isla de Tabarca. Finalmente pudieron “abrazar á los padres, esposas é hijos” y 1834 fue entregada de nuevo la bandera a la valiente Milicia Valenciana.
Las ironías del destino llevaron a que Fernando VII no tuviera hijos varones y promulgara la Ley Sálica. Ello permitió reinar a su hija en perjuicio de su hermano, el infante don Carlos. Tras la muerte del monarca su esposa María Cristina se apoyó en los liberales para poder asegurar el trono de la futura Isabel II y esto dio un giro histórico a España, asegurando una monarquía constitucional y el fin definitivo del absolutismo.

Publicado en El Crisol


miércoles, 5 de agosto de 2015

Ciprés centenario

Artículo sobre el ciprés centenario existente en Torrellano. Raúl Agulló.

http://www.campdelx.es/el-cipres-bicentenario-de-torrellano-elx/

domingo, 2 de agosto de 2015

Lo i Quiles

Gracias a Raúl Agulló tenemos un nuevo artículo dedicado a Lo i Quiles, una de casas mas importantes de Torrellano. Espero que sea de todos interés.



viernes, 12 de diciembre de 2014

El soldado Segarra


A lo largo de este año se ha conmemorando en centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial. Todo comenzó con el asesinato, a manos de un joven nacionalista serbio, del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa, el día 28 de junio de 1914. A partir de ese momento se sucedieron una serie de declaraciones de guerra entre los distintos países que formaban las dos alianzas en que se dividía Europa, por un lado Alemania, Austria y Turquía y por otro Francia, Reino Unido y Rusia. 
En un principio los contendientes pensaron que la guerra sería corta, basada en el avance de la infantería. Pero las nuevas armas automáticas, la potente artillería y las armas químicas, todas ellas nacidas en el seno de la revolución industrial, obligaron a replantear la guerra. Los soldados no podían avanzar ni luchar contra aquel destructivo armamento, así que se vieron obligados a excavar profundas trincheras para guarecerse.
Así es como comenzó un nuevo tipo de guerra de desgaste, donde para conquistar unos pocos metros de terreno era necesario el ingente sacrificio de jóvenes soldados, donde lo importante era hacer retroceder al enemigo a cualquier coste humano. Como máximo exponente de ello fue la batalla de Verdún, también conocida como la máquina picadora de carne,  en ella cientos de miles de soldados de ambos bandos fueron enviados a un continuo y estéril avance hacia el enemigo, hasta ver quien quedaba totalmente extenuado. 

Voluntarios españoles en la Gran Guerra

España quedó al margen de la contienda, declarándose neutral, de esta neutralidad sacó provecho económico al proveer todo tipo de materias primas a los contendientes. No obstante la sociedad española se encontraba dividida entre germanófilos y francófilos.
Muchos fueron los voluntarios españoles que se alistaron en la Legión Extranjera para defender a Francia. Uno de estos fue un joven torrellanense llamado José Segarra Méndez. Se sabe muy poco de él, se conoce que estuvo en el frente todo el tiempo que duró guerra y que fue herido en cinco ocasiones, tres de gravedad y dos levemente. En reconocimiento a los actos heroicos que realizó en el campo de batalla fue condecorado con la Croix de Guerre y con L’Insigne des Blessés. Tras su vuelta a España realizó el servicio militar en nuestro país, concretamente en el arma de artillería.
En 1921, en Alicante, se celebraron diversos actos conmemorativos del tercer aniversario de la firma del armisticio que puso fin a la Gran Guerra. Consistieron en una solemne misa en la concatedral del San Nicolás, en honor a los soldados que murieron en dicha guerra, y donde se cantaron diversos himnos como “Hymne aux morts” o el “Requiem”. 


Posteriormente se celebró un banquete en el Club de Regatas donde asistieron el Cónsul de Francia, el Vice-Cónsul de Bélgica, el Cónsul de los Estados Unidos, la comunidad francesa en Alicante, diversos españoles francófilos y representantes de la prensa. Especialmente invitado a la conmemoración estuvo José Segarra, en representación de todos los voluntarios españoles que participaron en la contienda para defender a Francia.
Nuestro condecorado convecino se sentó en la mesa de honor, donde se pronunciaron diversos discursos ensalzando la abnegación y el sacrificio de todos los aliados, de los legionarios y, en particular, del valiente comportamiento del condecorado Segarra. Finalmente se realizaron diversos brindis y sonaron los himnos de la Marsellesa y la Marcha Real.  La conmemoración duro hasta las dos de la madrugada.
La verdad es que viendo como discurrió aquella sangrienta guerra, fue un verdadero milagro que aquel torrellanense volviera sano y salvo de aquellos campos de batalla.

miércoles, 2 de julio de 2014

De Lo i More a Moore Hall


Los más ancianos del lugar siempre han llamado a Torrellano “Lo i More” y lo han llamado así porque sus abuelos así lo hacían, de forma oral, de generación en generación. Nunca han sido incompatibles las dos maneras de llamar a nuestra tierra, una ha sido la oficial y la otra ha sido la tradicional.
La expresión valenciana “Lo i” es muy característica del hablar local, y su significado se traduce como “lo que pertenece a”. Está compuesta de un pronombre y sustituye el valor de la conjunción copulativa de la i por un valor de preposición. Esta forma verbal se utilizaba en la toponimia menor y muy escasamente aparece escrita, dando nombre a multitud de lugares  que por regla general indica cual era el apellido del propietario. Como ejemplos tenemos Lo i Ganga, Lo i Brisó, Lo Reus o Lo i Quiles, refiriéndose siempre a grandes fincas rústicas con una casa.
Una de las primeras referencias escritas del “Partido de More” es la que aparece en los alistamientos de los voluntarios para combatir a los franceses en 1808, donde algunos de ellos manifestaron ser de esta partida.
La única mención en los mapas es la que aparece en el realizado de la provincia de Alicante por Francisco Coello en el Diccionario Geográfico-Estadístico-Hisotórico de España. En este mapa consta la “Partida de Lo de Mori” que la sitúa donde hoy se encuentra la Partida de El Altet, y ésta a su vez la sitúa en la sierra del Portichol. Igualmente comete errores al ubicar las partidas de Perleta, Maitino y Torrellano Bajo en lo que hoy es Saladas. El trabajo de Coello fue muy meticuloso pero al basarse, en parte, en otros trabajos de cartografía, incluidos los que hicieron los militares franceses en su estancia en España, parece como si hubiera superpuesto dos mapas en una posición errónea.


En cualquier caso es en este mapa publicado en 1859 donde podemos leer junto a Torrellano Bajo la “Casa y E. de More”, donde E. se refiere a una ermita, pero al situar a Sempere entre Saladas y Torrellano Alto crea una confusión de lugares que nos impide ubicarla.
Para encontrar al propietario de aquella casa de More hay que remontarse hacia finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII cuando en Alicante se instala una comunidad de comerciantes extranjeros atraídos por el gran movimiento mercantil que tenía su puerto. Uno de los colectivos importantes eran los irlandeses que vinieron movidos por su deseo de prosperar y también huyendo de la persecución religiosa en su país. A algunos de estos exiliados se les llamaron “Wild Geese” (gansos salvajes).
En varias ocasiones los ingleses promulgaron leyes restrictivas de libertad de culto y de los derechos civiles de los irlandeses que fueron promulgadas por varios soberanos, hasta que ascendió al trono Jacobo II quien suspendió todas estas leyes discriminatorias, recuperándose sus derechos.
Sin embargo el rey Jacobo II fue destronado por su yerno protestante Guillermo de Orange. Tras la derrota de 1688 los partidarios de Jacobo II se exiliaron, entre otros países, a España que los acogieron y ayudaron, dándoles los mismos privilegios y prerrogativas que los españoles, según Real Cédula.
A lo largo del tiempo varias son las familias que se asentaron en Alicante, como por ejemplo los O´Gorman quienes entregaron a las autoridades un “manuscrito auténtico y de crédito indudable” escrito en latín, donde se cuenta bien claro lo que les sucedió y como perdieron su “hacienda llamada vulgarmente Dromellihy, la que les pertenecía por derecho hasta que la Impía Isabel invadió y ocupó la isla de Irlanda en cuyos tiempos fueron secuestrados todos los bienes de los que pertenecían a la Comunidad Católica y entonces fue cuando esta ilustre y antigua familia de O´Gorman perdió todos los bienes por su constancia en la fe católica”, mostrándonos además lo combativo de su clan al decir de ellos que “eran los primeros en empezarse la batalla, los últimos en abandonar el campo”.[1] Durante el siglo XIX Guillermo Gorman acabó siendo terrateniente en Elche. Otros muchos comerciantes irlandeses vinieron a nuestras costas.
George Moore de Ashbrook (1729-1799) provenía de un linaje inglés protestante pero su padre John Moore se casó con Jane Lynch Athy, perteneciente a una reconocida familia mercader irlandesa. Al abrazarla abrazó con ella el catolicismo. La madre introdujo a su hijo en las cohesionadas hermandades jacobitas de Wild Geese, que tenían una extensa y próspera red comercial.[2]
George Moore
Ya hacia 1749 George Moore se había instalado en Valencia comercializando seda, y en 1765 contrae matrimonio con la española Katherine de Killikelly, nacida en el noble seno de una desterrada familia jacobita, ya integrada en nuestro país.[3]
Mediante su flota mercante se dedicó al comercio internacional, básicamente exportando vino y brandy e importando bacalao y trigo, un gran negocio que le permitió amasar una considerable fortuna bajo la denominación mercantil de “Jorge Moore y Cía”.

Alicante se convirtió en el principal puerto de entrada a España de bacalao de Terranova y la Junta General de Comercio veía con preocupación el gran peso político-económico que adquirían los comerciantes extranjeros. En 1769 Jorge Moore fue elegido por los comerciantes mayoristas Diputado, cuestión que no agradó a la Junta pues siempre intentó impedir que los comerciantes de salazones dominaran el cuerpo de comercio. Finalmente se revocó su elección al considerarlo “afecto a los ingleses, y por consecuencia del comercio pasivo de saladura”.[4]

Alicante Siglo XIX
El matrimonio vivía en una gran casa en la Plaza Ramiro de Alicante, muy cercana al puerto y poseían además un almacén frente a lo que hoy es el Teatro Principal y a espaldas del Banco de España (antigua calle Barranquet).
Los adinerados alicantinos siempre han tenido un interés especial por adquirir tierras en las partidas  colindantes con su término y los mercaderes extranjeros no fueron ninguna excepción. Como ejemplo tenemos a los ingleses que a lo largo del siglo XVIII poseyeron una casa en la partida de El Altet donde enterraban a sus cónsules.
Jorge Moore se sumó a esta corriente como lo demuestra su inclusión en los listados de impuestos que se conservan, donde aparece como terrateniente poseedor de una finca rústica con hacienda en Elche. Lo encontramos por primera vez en el año 1781 y su última referencia como terrateniente data de 1810, siempre con la condición de Don.[5]
Las fincas fueron adquiridas en distintos momentos y como claro ejemplo tenemos la efectuada en agosto de 1785 en la que Pedro Mansano vendió a “Don Jorge More de nación Irlandés, vecino y del comercio por maior en la Plaza de la ciudad de Alicante, veinticuatro tahullas de tierra parte plantadas de Algarrobos, Ygueras y Almendros que tiene y posehe en el término de esta referida villa, citas en el Partido de la Torre del Llano”, lindando éstas con otras que ya eran de su propiedad.[6]

Escritura 1785 donde Jorge More compra unas tierras en Torre del Llano
Archivo Histórico de Elche



Tras relajarse las leyes discriminatorias en Irlanda Moore decidió volver a su país comprando grandes extensiones de tierra, jurando lealtad al rey Jorge III. Con su gran fortuna construyó en la década de los 90 una mansión llamada “Moore Hall”, junto al lago Carra, en el condado de Mayo.

El matrimonio Moore-Killikelly tuvo cuatro hijos nacidos en Alicante: John, George, Thomas y Peter. Los dos más jóvenes permanecieron afincados en Alicante, de los que espero tener la oportunidad de escribir en otra ocasión.

Moore Hall
En 1798 hubo una rebelión en la isla contra las injusticias que sufrían sus habitantes y entre los que la apoyaron se encontraba el primogénito de la familia, John Moore (1767-1799), quien fue nombrado Presidente de la República de Connacht. Aquella rebelión fue sofocada por el ejercito a sangre y fuego y John Moore fue capturado y condenado a muerte. Se dijo que salvó su vida gracias a que era súbdito de la corona española, pero hoy se sospecha que escapó de la ejecución gracias a una importante suma de dinero que entregó su padre para salvarlo. La pena fue conmutada por deportación a Nueva Ginebra y mientras era trasladado murió en Waterford, siendo enterrado en un lugar que el tiempo olvidó. En 1960 su tumba es casualmente descubierta y fue nuevamente sepultado con honores militares en Castlebar, estando especialmente invitado el embajador español en agradecimiento a las gestiones que se hicieron en la época para salvarle la vida. Unos consideran a este alicantino como el primer Presidente de Irlanda, otros como un consumado granuja aventurero.

Cuando G. Moore otorgó su testamento indicó que si moría en su tierra fuera enterrado en ella, pero que si moría en el Reino de España su deseo era que fuera enterrado en la cripta que poseía en el monasterio de los frailes capuchinos de Alicante. Igualmente en él reparte su herencia, lega bienes y da diversas instrucciones sobre sus negocios. De entre varias de las instrucciones destacaría las que da a John Bushell, a quien además le lega mil dólares españoles, curiosamente éste fue el abuelo de nuestro convecino Francisco Bushell y Laussat, el que fue propietario de “El 93”.[7]  


Al morir Moore heredó el gran patrimonio de la isla el segundo de sus hijos, George Moore (1770-1840), siendo los descendientes de éste una parte importante de la historia social, cultural y política de Irlanda durante el siglo XIX y buena parte del siguiente.
En 1923 Moore Hall fue incendiada por fuerzas irregulares contrarias al tratado de paz con Inglaterra y la mansión quedó prácticamente reducida a ruinas. Desgraciadamente muchas cosas provenientes de España desaparecieron con el incendio, como los cuadros de Moore y sus hijos vestidos a la española, libros, cartas, y objetos litúrgicos. Hoy en día el lugar es visitado para contemplar los frondosos bosques verdes que rodean la fachada de la casa, que aún queda en pie, y el lago de Carra, donde yacen los Moore.


Volviendo de nuevo a la toponimia local decir que es relativamente frecuente moldear los apellidos de los propietarios de las haciendas, al transmitirse el topónimo de forma oral y no escrita. Tenemos el ejemplo de “Lo Boligni”, en la Partida de la Alcoraya, que pertenecía a la familia de Francisco Bouligny. En el caso de Moore sucedió algo parecido al eliminar la segunda o de Moore por redundancia, apareciendo como More en algunas escrituras y por ese mismo motivo siempre se dijo “Lo i More”.
Para terminar decir que seguimos sin saber donde estaba aquella enigmática casa con ermita. Puede que jamás se llegue a saber, estos son los desafíos que tiene la historia.
Con este artículo se ha pretendido conocer la historia de aquellos indomables hombres que vinieron del norte y también recordar el topónimo de Lo i More. Entre los vecinos llegó a ser mucho más conocido y usado que el propio Torrellano, acompañándonos oralmente desde hace doscientos años. Conservémoslo.

Juan Francisco Mollá Agulló
Publicado en el Libret de fiestas de 2014  



[1] Archivo Municipal de Alicante. Historia de una rehabilitación en el Alicante contemporáneo. Eleuterio Llorca O´Connor. 1992.
[2] “The Moores of Moorehall”. Joseph Hone. 1939.
[3] “Cara y cruz de la sedería valenciana (siglos XVIII y XIX)". Vicente M. Santos Isern.  1981.
[4] “Alicante en el siglo XVIII: Economía de una ciudad portuaria en el antiguo régimen”. Enrique Giménez López. 1981.
[5] Archivo Histórico de Elche. Signatura H 225 4.
[6] Archivo Histórico de Elche. Signatura SHPN 627. Protocolo de Francisco Gil.
[7] The National Archives. Signatura PROB 11/1373/142.




Diario ABC 1961 

Embarcadero del lago 1900
Último equivalente de 1810 donde Jorge Moore aparece como terrateniente
Archivo Histórico de Elche



Listado de voluntarios de 1808 - Partido de More


Tumba de John Moore en Irlanda






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sábado, 24 de mayo de 2014

Exposición en el MUBAG

Hasta diciembre de 2014 se está exponiendo en el MUBAG una importante obra de Francisco Bushell:

EXTRAIDO DE LA PÁGINA WEB DEL MUBAG:

Primera Planta del MUBAG
Desde el 26 de noviembre de 2013 hasta diciembre de 2014.

Dentro de la exposición El siglo XIX en el MUBAG. De la formación a la plenitud de un artista, se ha dedicado un espacio llamado El artista destacado. Este espacio se dedica periódicamente a destacar la figura de un artista presente en la exposición. El motivo por el que sobresale cada uno está motivado por la conmemoración de un acontecimiento, el establecimiento de un diálogo con las piezas expuestas o con el fondo de Diputación, así como completar la visión de un artista con una de las piezas estrella de su producción.
Actualmente está dedicado a Francisco Bushell y Laussat, primer pensionado a Roma por la Diputación de Alicante en el año 1863. Este importante   acontecimiento cumple su 150 aniversario en este año 2013. Bushell desde su estancia romana remite en 1864  Atardecer en Florencia, única obra
de él presente en la exposición. Gracias a las pensiones se comenzó a gestar la colección artística de la Diputación de Alicante, con las obras que los artistas de la provincia remitían desde sus pensionados.


Procesión del Viernes Santo en el Coliseo de Roma, 1864
Para conmemorar tal importante acontecimiento artístico en la provincia y ampliar la visión de Francisco Bushell se solicitó de nuevo la colaboración del Museo Nacional del Prado, pidiendo en préstamo la obraProcesión del Viernes Santo en el Coliseo de Roma, realizada en Roma en 1864 y premiada con Consideración de Medalla de Tercera Clase en la Exposición Nacional de 1867. Esta obra fue adquirida por el museo del Prado en 1886 y depositada en 1887 en la escuela de dibujo dependiente de la Diputación de Cáceres. En la actualidad estaba decorando dependencias de la Diputación de Cáceres. El museo nacional ante el proyecto presentado desde el MUBAG no dudó en apoyar la iniciativa, levantando el depósito de la mencionada obra a la Diputación de Cáceres para que pudiera venir a Alicante y confiando de nuevo el Laboratorio de Restauración de la Diputación alicantina para la puesta a punto de la misma, bajo la supervisión de la restauradora del Museo del prado y especialista en el siglo XIX Lucía Martínez.

La restauración
El mencionado óleo llega al taller de restauración desde Madrid a finales de mayo. La obra presenta un estado de conservación malo, sobre todo en cuanto al  soporte se refiere. Presenta el borde suelto en su mayor parte y muy débil debido a la oxidación que han provocado los clavos de hierro. En cuanto a la pintura, su estado es regular. El barniz está oxidado de manera generalizada, pero los diferentes estratos pictóricos están bien consolidados y unidos, por lo que no hay riesgo de pérdidas. Trae un empapelado de protección, realizado en su origen por los especialistas del Museo del Prado, para evitar posibles pérdidas durante el traslado.
Los restauradores se ponen con ella inmediatamente tras su llegada y quitan la obra de su marco; elaboran el archivo fotográfico del estado de conservación inicial general en detalle; analizan las fibras al microscopio óptico que determinan que se trata de lino; analizan con reflectografía infrarroja : lo que nos aporta este tipo de análisis son datos de cómo pintaba el artista, en esta ocasión nos dice que Bushell realizaba dibujo preparatorio, no dejaba cosas al azar, así como pone de relieve algún arrepentimiento de encaje. Con el análisis con luz ultravioleta se puede ver el grosor y la extensión del barniz y si tiene  ntervenciones posteriores, en esta obra la capa de barniz es gruesa, homogénea y tiene algunos repintes. Después se procede al asentado de color mediante cola de conejo y calor en las zonas puntuales que lo requerían. Se decide quitar la obra de su bastidor ya que hay que acometer el refuerzo de los bordes que están muy debilitados y sueltos en su mayor parte. Actualmente el proceso de restauración ha concluido y el cuadro ha recuperado parte de su luz perdida.
BUSHELL Y LAUSSAT, Francisco (1826-1901)
Realiza sus primeros estudios en la Escuela del Consulado Marítimo y Terrestre de Alicante, pero su verdadera formación la recibe en la Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid donde fue alumno de Federico de Madrazo.
Años más tarde amplió sus estudios en Paris, sus padres eran de origen francés, y allí tuvo como maestros a Le-Poittevin y Dumas.
Fue el primer pensionado de la Diputación de Alicante en Roma, en el año 1863, donde permaneció cuatro años becado. Sus composiciones romanas son de gran sensibilidad romántica, además de exaltar la naturaleza y el paisaje, incluyen ruinas e interiores.
Sus obras estuvieron presentes en certámenes locales, nacionales e internacionales en los que logró bastantes reconocimientos. En las Exposiciones  acionales de Bellas Artes fue galardonado con medallas y menciones honoríficas. En 1860 obtuvo una Mención Honorífica por Moros de Riff. En 1862
consiguió una Medalla de Tercera Clase por su obra Playa del Postiguet y en 1867 otra consideración de Medalla de Tercera por Procesión del Viernes Santo en el Coliseo de Roma, obra que presenta en 1867 a la Exposición de Bellas Artes de Valencia y por la que consiguió una Medalla de Plata.


Se dedicó a la labor docente: primeramente es nombrado por real orden profesor numerario de la cátedra de dibujo de la figura y del adorno en la Escuela de Bellas Artes de La Coruña y posteriormente formó parte del claustro de la Escuela Elemental de Comercio de Alicante como profesor de dibujo, siendo  gualmente profesor de francés e inglés en el colegio San José de Alicante. Llegó a ser catedrático de lengua francesa en la Escuela de Comercio. Con el tiempo pasó a la política siendo diputado por el partido conservador en la Diputación Provincial de Alicante entre los años 1888 y 1892 y ocupó la presidencia del Consejo Provincial de Agricultura. Alcanza su mayor reconocimiento al ser nombrado caballero de la Real Orden de Isabel la Católica y caballero de la Real Orden de Carlos III, la más distinguida condecoración civil que puede ser otorgada en España.